
Yitzhak Perlman padeció polio durante su infancia. Creció y se convirtió en un prestigioso violinista. Camina despacio y con mucho esfuerzo utilizando muletas y aparatos ortopédicos. Hace unos años, Perlman protagonizó un concierto inolvidable en el Lincoln Center de Nueva York. Al principio de una obra orquestal en la que él era solista, se le rompió una cuerda. Todo el mundo oyó que se le partía y la orquesta dejó de tocar. Normalmente, un músico habría cambiado la cuerda, produciéndose un comprensible retraso. Pero Perlman hizo algo inimaginable. Se quedó donde estaba, con el instrumento incompleto y asintió a la cabeza hacia el director, para que retomara desde el principio. Jack Reimer, periodista del Houston Chronicle se encontraba entre la audiencia y escribió después: "...y tocó con tanta pasión tanto poderío y tanta pureza como no se había escuchado antes. Por supuesto, cualquiera sabe que es imposible interpretar una obra sinfónica con solo tres cuerdas. Yo lo sé y usted también, pero esa noche Yitzhaz Perlman se negó a saberlo(...)Cuando terminó, se produjo un silencio impresionante en la sala. Y, acto seguido, la gente se levantó y lo aclamó. Hubo una salva de extraordinaria de aplausos desde todos los rincones del auditorio..."
Entonces, Perlman dijo al público: "A veces, corresponde al artista averiguar cuánta música se puede seguir tocando con lo que le queda, ¿saben?"
Esa es la lección que Reimer y muchos más aprendieron en ese recital. Y dijo Reimer: "Asi que tal vez nuestra tarea en este mundo inestable y desconcertante en el que vivimos sea tocar música, al principio con todo lo que tenemos y después, cuando eso no sea posible, tocar música con los que nos queda."
Adaptado de un extracto de "Preguntale a Platón" de Lou Marinoff.
Dedicado ami primo Juan Agustín, y a quienes se les haya roto una cuerda... en el peor momento.