sábado, 21 de marzo de 2009

Ominoso...


A veces es mejor tirar todo abajo...y empezar de nuevo ¿No les parece?

domingo, 15 de marzo de 2009

El curioso caso del Sr. X y la dialéctica hegeliana aplicada.

Digamos que un día conozco a alguien que llamaremos X. Y digamos que X hace buena letra al principio. Típico. Después de todo, escoba nueva, barre bien. Luego algunas vueltas se concreta una primera cita. Todo parece marchar bien. X se muestra interesado y todo me conduce a pensar que habrá un segundo encuentro.
¿Advinen qué? X desaparece.
Vuelvo a encontrar a X varias veces, ya que ambos frecuentamos determinado lugar, aquel en el que nos conocimos. En cada uno de esos encuentros, X reincide con su histeriqueo. Pasados dos meses de la primera cita, X pide una segunda cita que pretende arreglar vía e-mail. Pero a pesar de mi decisión de darle una segunda oportunidad, X vuelve a borrarse. Dos semanas más tarde, X “reaparece” misteriosamente bajo la curiosa forma de mensaje de texto, luego de lo cual desaparece nuevamente por otras dos semanas, para reaparecer una vez a través de un sms.

X (sms) “Al final, todo esto quedó en nada”
L (sms) “No creo que sea mi culpa”

Luego de un intercambio de mensajes con el que no los voy a aburrir (y en el cual X pretende compartir la responsabilidad del desencuentro) X me pide que lo llame por teléfono. En esa charla me avisa que se irá dos semanas de vacaciones, pero que quiere concretar el encuentro pendiente. Y yo doy aviso de que me voy las dos siguientes.

X me pide que lo llame a mi regreso, y es aquí donde toman la posta mi “yo” y mi “otro yo”.
Ah, sí. Y Hegel.

Mi “yo” me dice que no debo desaprovechar oportunidades de conocer gente, que ya no soy una chiquilina de 20 y que tampoco nado en candidatos. “Yo”me advierte que no soy Pampita Adhorain como para darme el lujo de andar rechazando gente por ahí, y que no puedo saber si alguien va a ser bueno para mi o no, a menos de que lo intente. “Yo” cruelmente me recuerda que a veces soy algo introvertida, un poco exigente y que tal vez esto desaliente al otro. Después de todo, si reaparece será por algo. Tal vez le interese, concluye “Yo”.

“¡¡¡¡¡Pero dejate de joder, y mandalo a cultivar espárragos al polo norte a ese pedazo de salame!!!!!”
Sí, adivinaron, ese es mi otro yo.
“Otro yo” se rebela ante las conductas masculino-histércas imperantes… (A decir verdad, “Otro yo” suele rebelarse ante casi todas las cosas) “Otro yo” es mi lado combativo y me recuerda que si realmente este zapato valiera la pena, no hubiera dejado trasncurrir tanto tiempo “Otro yo” siempre me hace preguntas como estas: ¿Es esto lo que querés? ¿Pensás que no puede haber nada mejor? ¿No te merecés nada, ni un poquito mejor? Alguien que se hace perseguir para tan solo mostrarse indeciso, ¿realmente vale la pena?

Hegel, ¡qué suerte que llegaste, para aclarar la situación con rigurosa perspectiva!
Hegel resuelve que “Yo” me dio una “tesis” y “Otro yo”, una “antítesis”. Entonces junta a ambas para dar a lugar a la siguiente “síntesis”.

Probablemente X haya estado o esté algo interesado. Sí. Pero no lo suficiente. Probablemente esté haciendo el mismo juego a varias puntas. Probablemente sí yo sea tímida y lenta, y es posible que eso genere inseguridad en el otro. Pero esto no desalienta a quien realmente quiere intentar algo. Probablemente X sea un histérico. Pero si no doy un corte a todo esto, no haría más que entrar en su juego. Es cierto que ya no soy una colegiala y que no puedo estar todo el tiempo cerrada a otras personas, pero eso no significa que tenga que estar tan apurada como para entrar en una relación que desde un principio no me conviene.

Hegel ha hablado y estoy en condiciones de decir: Sr X, con la histeria a otra parte. Que te vaya lindo. Game Over. Y que pase el siguiente…