viernes, 24 de agosto de 2007

Muros que no nos dejan ver...


Había una vez un joven Príncipe que vivía en un país tan pobre como lejano, miles y miles de años atrás.
El Príncipe, llamado Siddharta, vivía en un enorme palacio rodeado por altísimos muros que parecían rozar el cielo de aquel país azotado por el fuego y el agua. Durante años, estas paredes impidieron al joven ver el mundo exterior tal como era. Fue así como durante los primeros años de su infancia y adolescencia, el Príncipe vivió recluido. Y en ese palacio de ficción, Siddharta conoció el sabor de banquetes impensados, fue educado por los mejores maestros, sintió sobre su piel la suavidad de las mejores ropas de su reino y a la edad señalada, su familia arregló una boda con la jóven más bella de todo el reino.
La familia real y todos sus servidores se empecinaban en hacerle creer a Siddharta que el mundo era un lugar de perfecta armonía, sin privaciones, sin pobreza, y sin dolor…Pero un día, Siddharta exigió a su padre que le permitiera dar un paseo fuera del castillo. Entonces, el padre en apuros envió a sus servidores a echar a todos los mendigos de los alrededores del castillo, también echó de allí a todos los enfermos, a los ancianos y a los moribundos…
¿Pero es posible ocultar el mundo a los ojos de alguien que ha nacido para mirar?
Así Siddharta partió un día de su castillo, montado en un hermoso caballo blanco, ávido de conocer ese mundo que tan sólo había podido imaginar a través de falsos relatos. Ahora sus ojos estaban abiertos de par en par, por primera vez.
Y Siddharta vio que un anciano que caminaba con dificultad. Fue entonces cuando comprendió que todos envejecemos. Algo apesadumbrado por su descubrimiento, el príncipe continuó su viaje. Y Siddharta vio a un hombre que yacía enfermo en el suelo. Fue entonces que Siddharta comprendió que todos enfermamos. Finalmente, un grupo de hombres pasaron junto al príncipe llevando un difunto, camino a una pira funeraria. Fue entonces que Siddharta comprendió la esencia de su propia mortalidad. Al anochecer, el príncipe volvió a su palacio, pero ya no era el mismo, porque todo lo que veía en su morada estaba impregnado de sus nuevos descubrimientos: las flores perecerían pronto, la comida se corrompería y, aunque su pequeño hijo iba a crecer, el se convertiría en un anciano. Ahora el sabía que también ese palacio, que ahora se veía tan fuerte, algún día se convertiría en ruinas. La pena y el dolor se habían instalado en su alma y sus ojos se llenaron de tristeza.
¿Cómo era posible ser feliz y alcanzar la paz en un mundo con tan tremendas realidades? ¿Dé que servían todos esos lujos a los que estaba acostumbrado en el palacio?
Entonces, a la edad de 30 años, Siddharta comprendió que era hora de buscar respuestas. Y dejó su castillo, sus riquezas, su familia y sus ropas. Vistió harapos y mendigó para encontrar en su viaje aquellas respuestas que sólo iba a hallar en el interior de su corazón. Quería tan sólo buscar algún modo de deshacer el dolor y la tristeza del mundo y poder enseñar a otros a hacer lo mismo.
Foto: baño sagrado en el Ganges.

13 comentarios:

Carlos dijo...

Luz, tu relato me hizo acordar a una frase incluida en el libro de Somerset Maugham, "Al filo de la navaja"

En un momento el protagonista, recluido en un monasterio de monjes, les recrimina su actitud meditativa, diciéndoles: "es muy fácil ser un lama en la montaña"

Lo difícil,supongo es animarse a bajar al mundo.

Kiss.

Santiago dijo...

Tu relato me gusta, es muy existencialista.

Yo pienso que pese a todo las cosas feas que pasan en el mundo, uno puede ser feliz, porque eso depende de cada uno. Es cierto que uno quisiera que no haya pobreza en ningún punto del planeta, pero lo cierto es que es un cruda realidada que hay que aceptarla y seguir adelante. Cada uno tiene que hacer lo que mejor que pueda con su vida, hay problemas que son demasiado grandes para pretender solucionarlos, yo diría que son parte de este rica realidad, un mundo sin desgracias sería un paraíso, o sea algo irreal, hay que afrontar los que nos toca vivir con alegría y hacer lo mejor que se pueda para mejorar al mundo pero sin caer en la infantil utopía de que algún día todo va a ser maravilloso.

Saludos

Sahaquiel dijo...

Linda y breve biografía de Siddhãrta Gautama. Dicen que si lo bueno es breve, será dos veces bueno. :)

Según la historia, su padre lo mantenía alejado de la realidad del mundo exterior porque un brahman predijo que se tarde o temprano convertiría en un santo o maestro espiritual, abandonando sus funciones como gobernante. Finalmente, nada impidió que el príncipe cumpliera su destino.
Hay un sugerente paralelismo con la leyenda de Perceval (o Parzival o Parsifal), al menos en su comienzo.

Besote!

Luz dijo...

Carlitos: me conmueve que las personas salgan de sus muros y sientan compasión por quienes sufren.(Aclaro: compasión no es sentir lástima sino sentir en el propio corazón el dolor de otra persona, osea, padecer con ellos). El tema central para mí es qué hacer con eso que se siente. Comparto con vos en que no sirve de mucho quedarse en la contemplación o simplemente sufrir y lamentarse de gusto. Siempre hay algo que uno puede hacer por otro, sólo hay que pensar el modo :) Gracias por tu aporte, como siempre, movilizador.
Besotones!!

Santiago: ay ay ay...José Martí decía que las utopías son aquello que orientan nuestra acción, son como un faro al que queremos dirigirnos. ¿Qué somos los seres humanos sin utopías? Respeto tu opinión, pero voy a discrepar. No creo que el mundo tal como está sea el mejor mundo posible. Y creo profundamente en la capacidad del ser humano para mejorar y aprender. Si crecemos en valores espirituales (como el Amor hacia la Humanidad, que es el más importante) podemos empezar a hacer realidad ese viejo sueño de un mundo mejor.
Cada uno de nosotros tiene facultades y capacidades que, bien usadas pueden contribuír a hacer de este un lugar mucho, pero mucho mejor, creeme :)Solo hay que animarse.
"Pueden decir que soy un soñador, pero no soy el único
Espero que algún día te unas a nosotros
Y el mundo será uno solo". John Lennon.
Un beso!

Sahaquiel!! Usté siempre me pasa el trapo ¿vio? Lo felicito jóven ;)
Espero no haber deformado mucho la historia original, je
Un besote!

Santiago dijo...

Yo también respeto tu opinión Luz.Cuando digo que hay que dejar de creer en utopías infantiles, no me refiero a no hacer nada para mejorar, lo que trato de decir, quizá me expresé mal, es que me parece que el mundo es tan complejo que ciertas cosas como las guerras, probablemnte, no soy el dueño de la verdad, ocurran siempre, porque los humanos somos seres ambiciosos y egoistas por naturaleza. Esto no quita que cada uno por su cuenta intente ser mejor persona y contribuya a construir un mundo mejor.

Igual, ojo con el idealismo, demasiado puede ser perjudicial, en su gusta media, sano y impulsador de cambios, siempre y cuando se sea realista y no un iluso soñador.

Cuando me refiero a que somos egoistas por naturaleza, lo que trato de decirte es que de alguna u otra forma siempre uno se pone primero, y no está mal que así sea, sino uno viviría para el otro, pero al mismo tiempo también uno puede pensar en el otro y hacer algo para ayudarlo.

Saludos

Elena de San Telmo dijo...

Querida Luz,

Te agradezco este pasaje de Sidharta, un libro inolvidable de mi adolescencia.
Una belleza este post!

Siempre podemos ser solidarios, y recibir solidaridad de los demás.

Un abrazo

Ele

Sahaquiel dijo...

Nah, no deformaste nada... quedó genial. :)
Besos!

Sahaquiel dijo...

Che, te acordás de Siddhartha Kiwi? :D

Luz dijo...

Santiago: jeje, no te preocupes, está todo bien, no tenés que pensar igual que yo, jeje. Siempre fui bastante idealista con estas cosas, no puedo evitarlo, es más fuerte que yo, jeje.
Un beso!

Ele, tenés razón: "nadie es tan pobre como para no poder dar, ni tan rico como para no necesitar recibir algo."
Un beso grande en este domingo nublado!!
Luz

Gurú Sahaquiel!! Gracias, un alivio si no torcí nada, je
Y síiiii me acuerdo de Siddharta Kiwi, jajaja..."nos enyoguizamos y decimos..."jajajaja
Besote!

Alfredo dijo...

Luz: Yo creo que todos crecemos rodeados de un muro gigante que crece por instancias de nuestros mayores que despues nosotros nos encargamos en seguir construyendo. Lo interesante es llegar a un punto en el que sepamos que ladrillos sacar para crecer y darnos cuenta del mundo exterior.

Lau dijo...

"nadie es tan pobre como para no poder dar, ni tan rico como para no necesitar recibir algo."
uhhhh, me encantó esa frase.....
besotes!!!!!

Fer dijo...

Hermoso post, pasaba a saludar, tengo sueñito asi que hoy no voy a comentar ;)
besitos

Luz dijo...

Alf: totalmente: la mitad de mis prejuicios y miedos los heredé de mi madre, la otra mitad son mi responsabilidad...Estoy teniendo un año muuuy fuerte... jejeje
Podría decirse que estoy tratando de tirar abajo varios muros.
Besos! Y welcome back!

Lau: ¿viste? Estoy re-"fisolófica" :P jejeje...yo y mis frases, mis frases y yo...me estoy pareciendo cada vez más a mi bisabuela, jaja :)

Fer! Gracias por pasar!! :) Un besote y que descanses!!