viernes, 31 de agosto de 2007

Siempre siento la necesidad de llenar de significado cada cosa que hago y de encontrarle motivos a todo lo que me pasa. No es una virtud. Es una necesidad casi patológica; la de no querer que pase un solo día sin buscar un sentido, aún cuando sé que existen situaciones y momentos inexplicablemente vacíos y dolorosos, y días para el olvido.
Creo en Dios, aunque a veces ni me acuerdo de por qué creo y estoy ya casi sin argumentos. Creo mucho, poco, nada. Y vuelvo a creer.
Y Dios me hizo muy chiquita para que no me crea gran cosa. Me dio dos ojos grandes para ver hasta que duela, una boca pequeña para que nunca hable de más y raíces fuertes para que jamás me olvide de dónde vengo. También me dio dos orejas grandes que no me gustan, pero que son así para escuchar aún esas cosas que me hacen mal. Creo que nací para eso: ver, escuchar, acompañar. Nada más.
No nací para grandes cosas. Pero pienso que todos nacimos para algo, y no me gustaría irme sin haber hecho todo lo que me tocaba en suerte hacer, aún teniendo la certeza de que se trata de algo pequeño. No quiero vivir para mí. No me sirve, porque así no respiro y nunca me gustó el encierro. A veces me cuesta ser feliz, aunque nunca lo cuente y me resulte más fácil esconderme detrás de una sonrisa. Sólo me encuentro a mí misma en la risa y el afecto de los otros.
Tengo más necesidades que amigos. Y tengo más carencias que cualquier otra cosa.
Me siento absolutamente incompleta.
Hace poco una amiga me dijo que voy a vivir muchos años. Cuando le pregunté por qué lo decía, me dijo: “porque tenés esa sonrisa”. Entonces me dijo que ella pensaba que su vida iba a ser corta, que sentía la cercanía de su muerte como un presagio. Y yo le dije, que en realidad no importa vivir muchos años, porque vivir no es durar.
No le tengo demasiado miedo a mi propia muerte, sino a la de las personas que quiero. Y mi miedo a la muerte no es otro que el de pensar que mi vida no tenga ningún sentido.

Adoro a mi peluquera

Me cambié el color del pelo!!! En realidad debería haberme quedado en casa corrigiendo los treinta millones de exámenes, pero como rara vez tengo una mañana libre, me fui a la pelu...
Increíble: me cortó el pelo tal como yo quería, el color quedó espectacular y como si eso no fuera suficiente, no me enjabonó las orejas ni me dejó las orejas o la frente manchadas con tintura.
Me embola de sobremanera ir a la peluquería, pero debo reconocer que esta chica es un genio.
Qué lo parió, hoy me siento una "chica Cosmo", je
A que no sáben de qué color tengo el pelo????

jueves, 30 de agosto de 2007

Chiste pre-electoral...

VAMOS POR EL CAMBIO!
(los billetes grandes ya se los llevó mi marido)

Firma: Cristina
:P

domingo, 26 de agosto de 2007

Noticias de ayer...


Hoy ando con ganas de escribir algo sobre The Beatles, mi banda favorita.
El 25 de junio de 1967 se realiza la primera emisión televisiva satelital de la historia. Este primer programa vía satélite llamado Our World (Nuestro Mundo) fue visto en 24 países, con una audiencia global de unas 400 000 personas. Cada país participante contaba con tres minutos para exhibir allí lo que quisiera, y el Reino Unido, optó por ellos, The Beatles, quienes presentaron un tema compuesto especialmente para esta emisión: All You Need Is Love. El video muestra a John, Paul, George y Ringo en los estudios de Abbey Road, tocando con un puñado de amigos, entre los que se pueden ver a Mick Jagger, Graham Nash, Eric Clapton, Keith Richards, Marianne Faithful, Mike McGear, Garry Leeds y otros.

Personalmente, siempre me gustó mucho este tema porque es algo así como un himno Hippie, un canto de amor a la humanidad.
Te propongo algo: que seas felíz durante los próximos 3 minutos y 46 segundos, escuchando este tema. La magia de los Beatles tiene eso.
Respirá hondo, mientras dejás que cargue el tema, olvidate de todo, sentate cómodo/a y escuchá. Con un tema así, seguro que vas a tener una excelente semana.
Ah, y nunca lo olvides: ALL YOU NEED IS LOVE.

viernes, 24 de agosto de 2007

Muros que no nos dejan ver...


Había una vez un joven Príncipe que vivía en un país tan pobre como lejano, miles y miles de años atrás.
El Príncipe, llamado Siddharta, vivía en un enorme palacio rodeado por altísimos muros que parecían rozar el cielo de aquel país azotado por el fuego y el agua. Durante años, estas paredes impidieron al joven ver el mundo exterior tal como era. Fue así como durante los primeros años de su infancia y adolescencia, el Príncipe vivió recluido. Y en ese palacio de ficción, Siddharta conoció el sabor de banquetes impensados, fue educado por los mejores maestros, sintió sobre su piel la suavidad de las mejores ropas de su reino y a la edad señalada, su familia arregló una boda con la jóven más bella de todo el reino.
La familia real y todos sus servidores se empecinaban en hacerle creer a Siddharta que el mundo era un lugar de perfecta armonía, sin privaciones, sin pobreza, y sin dolor…Pero un día, Siddharta exigió a su padre que le permitiera dar un paseo fuera del castillo. Entonces, el padre en apuros envió a sus servidores a echar a todos los mendigos de los alrededores del castillo, también echó de allí a todos los enfermos, a los ancianos y a los moribundos…
¿Pero es posible ocultar el mundo a los ojos de alguien que ha nacido para mirar?
Así Siddharta partió un día de su castillo, montado en un hermoso caballo blanco, ávido de conocer ese mundo que tan sólo había podido imaginar a través de falsos relatos. Ahora sus ojos estaban abiertos de par en par, por primera vez.
Y Siddharta vio que un anciano que caminaba con dificultad. Fue entonces cuando comprendió que todos envejecemos. Algo apesadumbrado por su descubrimiento, el príncipe continuó su viaje. Y Siddharta vio a un hombre que yacía enfermo en el suelo. Fue entonces que Siddharta comprendió que todos enfermamos. Finalmente, un grupo de hombres pasaron junto al príncipe llevando un difunto, camino a una pira funeraria. Fue entonces que Siddharta comprendió la esencia de su propia mortalidad. Al anochecer, el príncipe volvió a su palacio, pero ya no era el mismo, porque todo lo que veía en su morada estaba impregnado de sus nuevos descubrimientos: las flores perecerían pronto, la comida se corrompería y, aunque su pequeño hijo iba a crecer, el se convertiría en un anciano. Ahora el sabía que también ese palacio, que ahora se veía tan fuerte, algún día se convertiría en ruinas. La pena y el dolor se habían instalado en su alma y sus ojos se llenaron de tristeza.
¿Cómo era posible ser feliz y alcanzar la paz en un mundo con tan tremendas realidades? ¿Dé que servían todos esos lujos a los que estaba acostumbrado en el palacio?
Entonces, a la edad de 30 años, Siddharta comprendió que era hora de buscar respuestas. Y dejó su castillo, sus riquezas, su familia y sus ropas. Vistió harapos y mendigó para encontrar en su viaje aquellas respuestas que sólo iba a hallar en el interior de su corazón. Quería tan sólo buscar algún modo de deshacer el dolor y la tristeza del mundo y poder enseñar a otros a hacer lo mismo.
Foto: baño sagrado en el Ganges.

jueves, 16 de agosto de 2007


Sobre todo creo que
No todo está perdido
Tanta lágrima
Tanta lágrima
Y yo
Soy un vaso vacío.

16 de agosto, pero de 2006. Mañana de sol y mucho frío. Entro en un enorme hospital y cruzo el patio. Es ahí, no hay dudas. Algunos hombres esperan sentados junto a la ventana, fuera de la sala. Otros conversan en grupo. La charla se interrumpe de golpe, cuando uno a uno van advirtiendo mi presencia. Varios pares de ojos me miran queriendo saber qué hago allí. Entonces digo buenos días y explico a quién busco. “Ah, está ahí adentro, pero ya sale,”me dicen. Y con eso basta, porque retoman la charla. Entonces sale Carlos y me presenta a los muchachos. Algunos dicen conocerme del foro. Ahora ya se sabe quién es quién. Después me presenta a “las chicas”, Liliana y Patricia que me reciben sonrientes.
Carlos me invita un café en el bar del hospi y me explica cómo empezó todo. Me cuenta acerca del programa, que ya lleva diez años de dificultades y logros. Pone sobre la mesa una realidad de la que se habla poco. Es claro y preciso cuando habla de su trabajo de todos los días. Un ruido fuerte, una imagen, un recuerdo, el mismo frío, un avión que cruza el cielo o tan solo el silencio pueden llevar a una persona al lugar más oscuro. Carlos habla de la soledad de sus compañeros, de la discriminación y el maltrato que sufren a diario los Veteranos Combatientes de Malvinas. El conoce como nadie esa clase de silencios y de dolores. “Yo busco que salgan de la posición de víctimas. Reclamar está bien, pero no se puede vivir pensando que todos están en deuda con uno. ¿Además, para qué te sirve la guita si no tenés salud?” Y me cuenta cómo allí el encontró su verdadera vocación: ayudar a los demás, que es la más noble de todas. Carlos sana a otros hombres todos los días. “Hay cuestiones que son irreversibles, pero tratamos de que cada uno alcance la mejor calidad de vida que sea posible”. Junto a las doctoras, cura a más de 200 almas por semana. Y yo siento el privilegio de estar frente a un hombre extraordinario. “Acá me siento útil,”dice. De golpe la charla se ve interrumpida por el sonido de su celular. Lo llaman de un programa de radio. Alguien le pregunta qué es una mina antipersonal y Carlos lo explica. Cuando caminamos hacia la salita, me agradece “la paciencia”. “La mayoría se va a la mierda enseguida y la verdad que tienen razón,” me dice.
El piso de la sala está lleno de papelitos, como en la cancha. “Es parte de la terapia,” dice Liliana. “Les preguntamos cómo están, y si nos dicen que bien, festejamos”. Liliana se ríe y le tira papelitos en la cabeza a F, que está sentado frente a ella. También le tira pedazos de algodón, gasas y varias cosas que están a su alcance.
“Esto es un chiquero. Ustedes sigan ensuciando total”… dice Carlos con ironía. “Después barrés vos, gordo,” le responde Patricia divertida. Ellas siguen haciendo papelitos. Entonces me uno a las doctoras en esa tarea. Con una sonrisa, Carlos me llama “traidora” mientras pone el agua para el mate y me acerca una silla.
“¡¡Con los recetarios no, Liliana, que no tenemos más!!” dice Patricia. Por toda respuesta, Liliana se encoge de hombros y se ríe mientras guarda los papelitos que le doy en los bolsillos de su delantal. Carlos le dice que no los tire sobre la estufa, que la va a romper. “Por lo que calienta…” dice Liliana.
“Este lo tomás a la mañana y este otro después de comer. No te confundas, mirá que son parecidos. Igual te lo anoto por las dudas”. Patricia mira a G para ver si entendió y el asiente con la cabeza. “Además tenés que salir de vacaciones, necesitás descansar.¿Por qué no te tomás unos días?” “¡¡Eso, dale,!!” Agrega Patricia. Pero G dice que no. Guarda la receta en el bolsillo de su campera y se acerca a mí. Me explica que no puede dormir en otro lugar que no sea su casa. Me mira directo a los ojos con preocupación y sé que espera que diga algo. Le pregunto si intentó ir a alguna parte, no muy lejos con algún amigo o familiar de confianza. “No, no puedo”, repite, mientras sacude la cabeza resignado. Sonríe con cierto esfuerzo, me da un beso y se va con el paso lento.
J no tarda en ponerse de pie para dramatizar algunas anécdotas de la colimba. Cada tanto se frena y me pide disculpas por “el lenguaje”. Estamos ante la presencia de un comediante innato, y esto ya tomó el color de una reunión de viejos amigos. Todos nos reímos, y su compañero le pone una mano en el hombro: “Pará che, que vas a asustar a Luz. Va a pensar que estamos todos locos y no va a venir más.” “La que peor está es ella,”dice J, señalándome a Liliana, que no para de reírse. Siguen las anécdotas, todas graciosas y divertidas, y todos reímos. No me siento una extraña, y presiento, como pocas veces, que por alguna razón, estoy en el lugar indicado en el momento justo. Seguro que esta mañana estaba escrita en alguna parte, esperándome. Patricia abre la caja de Garotos y con tono maternal explica a los muchachos que yo la llevé para ellos. “Dale, comete el sapo que te gusta”, le dice Carlos con tono burlón. Todos reímos de nuevo. J y su compañero siguen contando sus historias mientras el mate va y viene. Al escucharlos me doy cuenta de que J y su amigo son sobrevivientes del Crucero General Belgrano. “Yo estaba en el carajo cuando pegó el primer torpedo. Literalmente, ahí arriba, re cagado de frío. No veía nada y de golpe sentí…boooooom. Me pegué un cagaso…”, explica J, “y este en la sala de máquinas. Cuando grité¡¡¡ torpedo a baboooor, torpedo a baboooor!!! ya había pegado hacía como diez minutos.” Su compañero lo mira y sonríe. A ambos les brillan los ojos. ¿Sabrán que esa amistad les va a durar para siempre? Se ríen, las chicas también, y yo tengo la sensación de que voy a llevarme clavado este momento en el corazón.
“Che, ¿qué va a decir mi mujer cuando me vea llegar con los papelitos por todos lados? Va a pensar que me fui de joda, a ella la psicóloga no le hace estas cosas,” comenta F. Liliana se ríe mientras yo lo ayudo a sacarse los papelitos que le quedaron en el pelo y que no puede sacudirse.
“Bueno, vamos todos afuera, que las chicas tienen que seguir trabajando”, dice Carlos. Entonces le digo que ya tengo que irme y me despido de todos. Carlos me dice que puedo volver cuando quiera. Y yo cambié para siempre.

A Chiquito, Sergio y Ale.

sábado, 11 de agosto de 2007

Niños modernos III :)



Dedicado a mis cochinetes, por la alegría que me dan todos los días...y al cochinete que sé que cada uno de ustedes lleva en su interior.

Felíz día del niño a todos mañana!!! :)



Rompiendo… la paciencia:
Guido: (11años) Miss, la verdad, qué paciencia que nos tenés ¿eh? Mirá que nosotros te rompemos las p.. (hace el gesto de romper las pelotas) No sé cómo hacés. Yo no podría ser maestro, y menos de este curso.

Niños irónicos:
Luca (11 años): decí la verdad Miss, ¿no somos lo mejor que te pudo haber pasado en la vida?

Mujer decidida:
Josefina (11 años): Miss, ¿tenés novio?
Luz: No
Josefina: ¿no ves? Es lo que yo digo. Los hombres, no saben elegir. El otro día yo hablaba de ese tema con mis compañeras

Familias modernas más tradicionales:
Josefína: Miss, ¿te acordás de mi tía, la que tiene tres hijos, uno con cada señor?
Luz: Sí.
Josefína: bueno, ahora va a tener otro, pero esta vez, es con el mismo señor.

Filosofando en el recreo:
Josefina: Miss, estamos hablando sobre las cosas de la vida. Porque es importante hablar de la vida. Si querés podés venir a escuchar.

Está en el horno…
Kevin (11 años): Miss, mi bisabuelo va a cumplir 100 años, pero le faltan 10. Para mí que…no llega. En dos o tres años, se muere seguro.

Pescando lagartos:
Kevin: el fin de semana pasado fui a la quinta de Fabito y con el papá de Fabito fuimos a pescar lagartos a la laguna.
En serio Miss…en esa laguna hay lagartos.

Viejos son los trapos…
Mauro (11 años): Miss, ¿vos cuántos años cumpliste?
Luz: 26…te debo parecer re vieja, ¿no?
Mauro: no, para mí que a los treinta sos viejo, antes no. Y a los cuarenta…¡¡¡sos un abuelo!!!

Maestras modernas:
Camila (10 años): ¿Miss hoy te conectás?
Luz: Sí, pero más tarde, a la noche. No sé si me vas a encontrar hoy.
Giuliano (10 años, desconcertado y boquiabierto) Camila, ¿la seño tiene msn?
Camila: Obvio. Ella es cool, como nosotras, ¿no seño?

Auxilio, comadrejas!!! (¿¿??)
Nico (11 años): Miss, yo le tengo miedo a las comadrejas…son enormes y muerden…

Reacciones espontáneas: (traducido al español de su idioma original, en una clase con cochinetes, je)
Luz: Si yo les digo “perdí la billetera” ustedes, ¿qué me dicen?
Josefina: ¡Ah, qué terrible!
Luz: Muy bien, Jose. Y si yo digo, “me gané la lotería”, ¿ustedes que me dicen?
Sofía (10 años): que ahora te podés comprar una billetera nueva.
Jose: en realidad, si querés te podés comprar una fábrica de billeteras.

Mi pasado me condena:
Lucila (10años): Yo una vez salí en la tele. Estaba sacándome los mocos…Y bueno…era chiquita…

Y bueno, cuernos tenía:
Dibujo en el pizarrón la cabeza de un alce.
Dolores (10 años): Miss…mirá si eso va a ser un alce…¡¡¡parece una papa con cuernos!!!

Hay equipo.
Martín (10 años) se acerca durante un examen para hacerme una pregunta. Yo estoy con faringitis y la voz me sale rasposa.
Martín: Miss, parecés el Coco Basile.

Niña observadora.
Sofía: (10 años): Miss, ¿vos te pintás las pestañas todos los días?

domingo, 5 de agosto de 2007




Sí, sí...cámara nueva...Gracias a mi amiga Cecilia (foto) y a Mercado Libre, dolió menos de lo que esperaba...No la saco ni al patio...al menos por un tiempo...
Gracias Chechux!!! Y suerte el 17 de octubre para Twice en semifinales, en The Cavern Club (je, qué forma sutil de pasar un chivo...cuak)
Buena semana para todos.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Hay fuegos y fuegos...

CADA PERSONA BRILLA CON LUZ PROPIA
ENTRE TODAS LAS DEMAS,
NO HAYA DOS FUEGOS IGUALES.
HAY FUEGOS GRANDES Y FUEGOS CHICOS
Y FUEGOS DE TODOS LOS COLORES
HAY GENTE DE FUEGO SERENO
QUE NI SE ENTERA DEL VIENTO,
HAY GENTE DE FUEGO LOCO
QUE LLENA EL AIRE DE CHISPAS.
ALGUNOS FUEGOS, FUEGOS BOBOS,
NO ALUMBRAN NI QUEMAN;
PERO OTROS ARDEN LA VIDA CON TANTAS GANAS
QUE NO SE PUEDE MIRARLOS SIN PARPADEAR,
Y QUIEN SE ACERCA, SE ENCIENDE.
Galeano.